lunes, 29 de enero de 2007

ETA

Respetable señor Oriol:


Usted miente, y sabe que miente, cuando dice que en México no hay ETA ni nada que se le parezca. En los últimos cuatro meses han muerto en México, por asesinatos del crimen organizado, más del doble de personas que las que ha asesinado ETA en toda su historia desde 1952.


Debe quedar claro que no justifico ningún homicidio; ni los cometidos por el régimen del general Franco contra los jóvenes de EKIN antes, subrayo: antes, del primer asesinato cometido por ETA, ni las barbaridades que ha hecho ETA, ni siquiera la muerte del almirante Luis Carrero Blanco, en 1973, que muchos españoles agradecieron.


Efectivamente, ETA, como usted atinadamente dice, sigue intentando ambas vías. La pregunta seria, y hasta cristiana, es por qué el Estado Español se empeña en cerrar por todos los medios la vía pacífica y política, cuando se persigue con saña a Julen Madariaga, que plantea el nacionalismo de izquierda por la vía pacífica; y cuando las “concesiones políticas”, que rechaza violentamente el Partido Popular, podrían consistir en la estricta aplicación de la ley española acercando a los presos etarras a sus familias, sin mandarlos ilegalmente a las Islas Canarias, y no sentenciando nuevamente sobre el mismo crimen juzgado y purgado legalmente.


Finalmente, por pura claridad mental, habría que preguntarse si lo que realmente se quiere es acabar con el terrorismo y las muertes violentas de ahora en adelante, que es la obligación política y moral del gobierno español, o lo que se pretende es aplastar el nacionalismo radical vasco por las dos vías, con un espíritu revanchista sin ningún talento político ni la más mínima calidad ética.

Le envío un cordial saludo.


Esteban Garaiz I.

jueves, 18 de enero de 2007

FUNDAMENTOS FILOSOFICOS DE LAS AUTONOMIAS INDIGENAS

Septiembre 02, 2001

Las naciones indígenas ya existían al momento de la constitución del Estado-Nación de México en 1821. Es más: ahí estaban antes de la gradual formación, durante 300 años, de esta nuestra nación que con eufemismo llamamos mestiza, producto de la conquista violenta y que fue creciendo a expensas de ellas.

La proclamación de la independencia trigarante fue la clara traición a las aspiraciones insurgentes. Con el lema de: Independencia, Religión y Unión, la unión significó el tiburón y las sardinas en el mismo acuario. En todo caso, a pesar del nombre oficial adoptado en 1824, el espíritu federalista quedó hecho a un lado frente a la concepción jurídica romana y napoleónica: por sobre el ayuntamiento – o ayuntamiento – el concepto dominante de Imperium: (el mismo de la España Una, Grande y Libre que tendrían los falangistas en el Siglo XX y que conservan algunos de nuestros constitucionalistas más renombrados).

El nuevo estado – nación en ningún momento hizo el reconocimiento expreso de la existencia de estos pueblos con fisonomía propia; y esta enorme deuda histórica sigue pendiente hasta nuestros días.

El espíritu trigarante perduró por todo el siglo XIX, hasta que la Nación revienta con la Revolución Mexicana de 1910-17.

Incluso, el movimiento de la Reforma, que representó un trascendente avance en la esencia republicana y laica del Estado mexicano, con la brillante generación jefaturada por Benito Juárez, “indio de la nación zapoteca” según él lo expresó en sus Apuntes para mis Hijos, sin embargo, no sólo cometió la misma omisión severa en la Constitución Política de 1857, sino que representó un retroceso en la tenencia de la tierra de las comunidades indígenas.

Paradójicamente había habido mayor reconocimiento hacía ellas por parte de los ordenamientos jurídicos del Virreinato; y también paradójicamente, muchos de los llamados usos y costumbres y el protocolo municipal de las comunidades indígenas de hoy mantienen la estructura y nomenclatura virreinal de los ayuntamientos españoles.

En el período final de la República Restaurada, durante el Porfiriato, las compañías deslindadoras aceleran la erosión del patrimonio territorial de los pueblos indígenas desde el 18 de diciembre de 1876 e incluso el Ejército nacional guerrea contra varios de estos pueblos como si se tratara de enemigos extranjeros.

Así la estructura social agraria, basada en el régimen arcaico de haciendas, no desaparece con la salida de los españoles peninsulares, sino que perdura y se agrava después de la independencia Trigarante, cien años más de lo mismo con una sociedad altamente estamentada cuyas capas sociales están esencialmente vinculadas al origen étnico. Hasta la gran eclosión revolucionaria.

Los constituyentes de Querétaro reconocieron en el artículo 27 la personalidad jurídica de los núcleos de población comunales, determinaron la restitución de tierras, bosques y aguas y declararon nulas todas las enajenaciones de tierras, aguas y montes pertenecientes a las comunidades. Pero tampoco se plantearon el reconocimiento político de los pueblos indígenas constituidos como entidades sociales diferenciadas antes de la creación del Estado Nación.

Es cierto que la Secretaría de Educación Pública, más con un afán integracionista, ha instrumentado un ejemplar programa de educación bilingüe. Pero en ningún momento, hasta el alzamiento de 1994, ni el Gobierno Federal ni el Congreso de la Unión se han planteado el reconocimiento oficial de las lenguas indígenas del territorio nacional.

La raíz esencial de esta omisión continuada, de esta grave deuda histórica es la concepción unitaria e indivisa del Estado, que no se compagina, más aun: que se contradice con las expresiones formularias de un federalismo que se concibe como subdivisión administrativa de arriba hacia abajo.

Los propios romanos, en el auge de su imperio fueron más flexibles con los pueblos federados, algunos de los cuales todavía hoy, conservan su idioma indígena 2000 años después.

El gobierno virreinal español, sin duda sustentado en el pensamiento filosófico de Francisco de Vitoria sobre el derecho de gentes, difundido después por los jesuitas, permitió cierta autonomía y organización propia a los pueblos indígenas y en muchos casos respetó y ratificó formalmente sus territorios.

No deja de ser una terrible contradicción que un Estado que se define democrático, republicano y federal continúe hoy con esta pesada deuda histórica para con sus pueblos originarios; y que sus más renombrados constitucionalistas sigan empanicados ante la “balkanización” de la República.


Nación según el Diccionario de la Lengua Española, es un “conjunto de personas de un mismo origen étnico y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”.

viernes, 12 de enero de 2007

Carta a Catón

11 de Enero de 2007


Muy estimado Catón:


Gozo mucho sus notas diarias de las que soy asiduo. Más me hacen pensar, por su hondura filosófica, los artículos que firma el ciudadano Armando Fuentes Aguirre; son una verdadera delicia intelectual.

Hay, sin embargo, un punto importante en su comentario de hoy del que discrepo radicalmente y no me aguanto las ganas de hacérselo saber con todo el comedimiento. Hace 100 años – y otros 100 después de la independencia – nuestro país era una república sin ciudadanos: más del 80 por ciento de los mexicanos era analfabeto, sin acceso a la atención médica ni a la seguridad social, sin tierra propia, ni siquiera acceso a la economía monetaria, puesto que se les “pagaba” en especie, más la deuda creciente y transmitida de padres a hijos. Una república de porquería. Ya éramos un país de pobres en 1907 y, por supuesto, la causa no era ni el estatismo caduco ni la limitación a la acción de los particulares ni las abstrusas tesis de redención social. La verdadera malformación congénita de la Nación mexicana radica en el despojo de la tierra a sus naturales por parte de los conquistadores y la implantación del régimen de haciendas, o sea el “feudalismo americano”, que traen después de haberse quedado rezagados respecto del resto de Europa y de su naciente burguesía, después de 800 años de guerras en su propia reconquista.

Parafraseando: en 1571, 50 años después de la conquista de México, los naturales poseían el Evangelio y los conquistadores la tierra… en la que los pusieron a trabajar. Esa sociedad terriblemente estamentada es la causa verdadera de nuestro retraso, porque la independencia trigarante fue la más completa traición a los ideales insurgentes, el más descarado y alevoso gatopardismo, que nos dio 100 años más de estructura colonial, una independencia sin desconquista.

Le mando un abrazo agradecido.

Esteban Garaiz

P. D. Por cierto que hace ya un cuarto de siglo que se desmanteló el régimen estatista del paternalismo clientelar y no hemos vuelto a tener índices de crecimiento económico de 6 por ciento sobre PIB – 36 por ciento en un sexenio – como en el período 71-76, cuando la economía registró el índice de remuneración al factor trabajo más alto de la historia nacional. Le confesaré con rubor que a veces estoy tentado de sumarme a la camarilla de los nostálgicos del pasado.

Vale E. G.

lunes, 8 de enero de 2007

Gandhi en Acapulco

18 de Diciembre de 2007


Oí decir el otro día en Guerrero a un querido amigo que en esa entidad perdura “la cultura de la presión política”. Me quedé pensando que, en efecto la presión política masiva, de carácter pacífico, es la expresión democrática, o predemocrática, frente a un poder represor que abandera el estado de derecho de origen oligárquico. Cuando no hay auténticos cauces para la expresión y prevalencia de los intereses mayoritarios, las masas salen a las calles. Será porque no creen que las leyes aprobadas, que a todos obligan, realmente corresponden a las promesas de campaña que lograron sus votos.

A veces estas expresiones espontáneas son atribuidas a un partido sin que necesariamente hayan sido promovidas por su dirigencia. Incluso puede darse el caso de que el partido pretenda apropiarse la bandera del reclamo general.

En muchas ocasiones también ha llegado la represión ¿Por qué siempre los “rebeldes” y “violentos” ponen los muertitos? Después viene el silencio. A veces llega una especie de amnistía social tácita para el poder público represor, que se retroalimenta de la impunidad. ¿Quién recuerda todavía Aguas Blancas?

Todo eso pensaba viendo la estatua de Mahatma Gandhi en la Costera frente a mi hotelito. Recordaba que ese hombre,hoy paradigma de la resistencia pacífica, fue en su tiempo un “rebelde” frente al estado de derecho del Imperio Británico, después de haberse titulado de abogado en el centro del propio Imperio. Desobedeció la ley de la sal, rompió el estado de derecho y su marcha al mar determinó el inicio de la liberación de su país. Hoy los indios elaboran las leyes que les obligan, con todas las limitaciones que se quiera mencionar, y van logrando gradualmente la democracia retroalimentada con la justicia social.

Tengo para mí que todavía necesitamos en México que perdure “la cultura de la presión política” pacífica de las mayorías, que nada tiene que ver con ese fenómeno creciente del cabildeo en favor de intereses particulares y contra el interés general, y que ahora nos quieren vender como una práctica “normal” de la democracia, cuando es una de sus peores perversiones.

Esteban Garaiz

Entrevista sobre la política energética actual, en México.

Entrevista, que me hacen los periodistas Rubén Martín y Jesús Estrada, sobre la política energética en el actual gobierno.  https://mx.ivoox...