viernes, 20 de septiembre de 2019

Qué quise decir en el CUCEA, sobre la Refundación de Jalisco:




1.-Que estamos en deuda histórica con los pueblos, originarios; y que debemos respaldar su autonomía, sin sesgos desde fuera;

2.-Que no puede haber república sobre latifundios y peonaje de “las tres cuartas partes de los mexicanos”.


3.-Que la rectoría económica del Estado, en un país de ese origen feudal, ha sido en el siglo XX deberá volver a serlo en el XXI, la manera más eficaz de lograr un desarrollo equitativo y humano;

4.-Que la participación ciudadana debe ser auténticamente ciudadana, no corporativa;

5.-Que el poder judicial en Jalisco ha violado por decenios su propia legalidad: artículo 52. Sus tiempos laborales, reducidos a 100 días del año, no le permiten sentenciar en plazo; es omiso y por eso, es injusto permanentemente. Urge la refundación.




jueves, 19 de septiembre de 2019

La primera constitución ecologista




Para Milenio
Esteban Garaiz
17 de septiembre 2019

Está escrito desde hace 102 años. Ahí está en el Pacto Nacional de 1917. Dio excelente resultado hasta 1982. En el ámbito de las Naciones Unidas se le conoció como “el milagro mexicano”.

Para quienes andan ahora, después de 36 años de escaso crecimiento, y peor distribución, hoy citan falta de crecimiento económico, y auguran (parece que hasta desean) una previsible recesión “nacional”, en tiempos en que la peligrosa batalla arancelaria (iniciada absurdamente en la que hasta ahora era la economía de mayor tamaño del planeta) tiene nerviosos y en la incertidumbre (esa sí genuina) a los actores medianos de la economía del orbe.
La rectoría económica del Estado, acordada (que quede claro) por todas las fracciones constitucionales: antirreeleccionistas, villistas, de la Casa del Obrero Mundial, zapatistas, carrancistas, del Partido Liberal Mexicano de Camilo Arriaga, agrónomos patriotas, y hasta porfirianos como Félix F. Palavicini.
“La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”.
El primer pacto nacional que va más allá de la pura estructura formal del Estado nacional, para sentar las bases de una verdadera república de soberanía popular, una vez desmontados los latifundios intactos desde la Conquista y el peonaje de “las cuatro quintas partes” de los mexicanos.
Proyecto nacional que también incorpora, de manera precursora, la visión ecologista. Porque el dictado expresa a continuación que ese derecho incluye “el de regular, en beneficio social, el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, con objeto de hacer una distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar de su conservación, lograr el desarrollo equitativo del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población rural y urbana; y para evitar la destrucción de los elementos naturales”.
Los amables lectores podrán juzgar a simple vista, cómo se han cumplido estas disposiciones del Pacto Nacional centenario en los últimos 6 sexenios; y específicamente qué ocurrió con la minería y con otros “elementos naturales susceptibles de apropiación”.
Tendrán claro de dónde proviene la incertidumbre que todos los días cacarean los que se autoproclaman voceros de los inversionistas.
Porque 30 millones de ciudadanos sí tuvieron certidumbre sobre lo que respaldaban en su boleta electoral el 1 de julio de 2018. Sabían con certeza que la propuesta del Movimiento de Regeneración Nacional se basaba esencialmente en la recuperación de los lineamientos del Pacto Nacional de 1917.
Pacto Nacional que, a pesar de todos de chipotes y cicatrices que ha sufrido, de manera connotada en los ámbitos: fiscal, militar, ferroviario, energético, siderúrgico, educativo, petrolero, todavía conserva casi intacta la rectoría económica del Estado. Ahí está la certidumbre.
Es llamativo observar cómo dos naciones gobernadas por regímenes políticos de Partido Comunista: China y Cuba han evolucionado hacia incluir en sus normas fundamentales la rectoría estatal sobre su mercado privado: lo que dicte el interés público.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Refundación y deuda histórica



Esteban Garaiz
18 de septiembre 2019



Toda refundación, en cualquier espacio, en cualquier tiempo, se finca en lo sano existente. Porque el pasado está muy presente en nuestro presente; y está latente.
La historia no sólo es la maestra de la vida; es la vida misma pasada que sigue presente hoy.
La refundación tiene que demoler y limpiar todo lo podrido, lo apolillado, lo carcomido. A veces también: cortar por lo sano. De lo que queda, volver a empezar; fincar de ahí en adelante.
También, a veces, habrá que fincar desde el subsuelo: algo que nunca se hizo; y que sigue pendiente por necesidad histórica.
Jalisco, al igual que la Nación entera, arrastra una deuda histórica desde su fundación misma como Estado federado. Es más: desde la formación misma de la nueva nacionalidad.
Sus pueblos originarios, primeros posesionarios de estas tierras, de las que fueron orillados: sea por la conquista acaparadora o por refugiarse y sobrevivir en lo recóndito. Sus integrantes son jaliscienses y mexicanos con plenos derechos.
En una república, como la que proclamamos, tienen todo el derecho de organizarse desde lo local, de decidir sus formas de autogobierno y sus autoridades, al margen de los partidos políticos de programa nacional; y de que sus territorios sean respetados.
En 1821-24 la Independencia Trigarante instituye la nueva entidad nacional y sus estados federados sobre las estructuras virreinales: el idioma nacional importado, el orden jurídico de origen latino, el alfabeto romano y la numeración arábiga.
Incluso la religión importada “sin tolerancia de ninguna otra”. Lo más grave: preserva intacto el orden agrario colonial del despojo y el peonaje de “las cuatro quintas partes de los mexicanos”, como dijo el luminoso Justo Sierra: parias sin derecho a la salud, a la escolaridad, al dinero ni a la ciudadanía. Cien años en una sedicente república. La independencia no incluyó la desconquista.
No es creíble que alguien dude de que las castas, abolidas formalmente al igual que la esclavitud, permanecen todavía incrustadas en el subconsciente colectivo; y que urge en la Refundación una enérgica tarea proactiva para desmantelarlas, más allá de declaraciones y de comisiones. Del mismo modo que sobre la igualdad de géneros: más allá del feminismo gramatical.
Pero vamos más para atrás. El primer acto jurídico del Continente Americano, registrado en letras latinas, fue una descarada falsificación: la formación del Ayuntamiento de la Villa Rica de la Vera Cruz en 1519: hace 500 años.
Un ayuntamiento sin mujeres, sin niños, sin familias, formado por marineros y soldados, todos subalternos del Capitán Cortés, que, de acuerdo con la soberanía del pueblo, esencia de la tradición política vasco-castellana, otorgan a su jefe facultades para conquistar las tierras descubiertas. La primera simulación legal.
Como narra don Luis Pérez Verdía, instalan la horca, símbolo del dominio; y en ella cuelgan a los inconformes.
Trescientos años después, dos insignes figuras de estas tierras occidentales: Valentín Gómez Farías y Prisciliano Sánchez, más un coahilteco-texano: Miguel Ramos Arizpe, lucharán por la federación, desde lo local, como la estructura política adecuada para la América Mexicana. Ahí hay una herencia que preservar.
Otro insigne jalisciense: la mente más perspicaz, Mariano Otero, va a poner el dedo en la llaga. En su Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestión social y política que se agita en la República Mexicana, 1842, lo dejó claro y contundente.
“Los que buscan las instituciones y las leyes de un país como ingeniosas combinaciones de números, ignoran que esa constitución existe toda entera en la organización de la propiedad, tomando esta frase en su latitud debida”.
Tenía 25 años el joven abogado. Ocho años después murió de cólera. Publicó el Ensayo tres años antes de que Marx y Engels publicaran La Sagrada Familia; y 25 años antes de El Capital.
Dice don Jesús Reyes Heroles que Otero fue tan gran jurista, que se ha olvidado su máxima aportación como sociólogo.
Dijo Otero: “el cambio general debe comenzar por las relaciones materiales de la sociedad”, porque “la propiedad mal repartida produce las más funestas consecuencias”. Ahí también debe comenzar la Refundación.
Quienes ahora, en 2019, emprenden la tarea de la Refundación de Jalisco, deberán afrontar una cuestión que trasciende con mucho lo semántico.
No podrán, no será válido ni política, ni ética, ni constitucionalmente apelar a la gobernanza corporativa, inducida desde el Consenso de Washington de 1982 (que nosotros no consensamos).
Mucho peor: que tomemos como referencia la definición que da el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, que define desde principio de este siglo la gobernanza como: “arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía”.
No existe, en ningún lado, tal “sano equilibrio”. Rafael Correa lo dejó expreso. “El mercado es un excelente subalterno, pero un pésimo patrón”. Los chinos lo tienen muy claro.
Desde hace 102 años nuestro marco constitucional (el que desmanteló los latifundios y el peonaje que impedían la formación de la auténtica república) prescribe con absoluta claridad en su artículo 27: “La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”.
Otro rezago grave de la actual estructura estatal es la actuación severamente omisa del Poder Judicial en Jalisco. Omisa y, por tanto, ilegal e injusta; abiertamente violatoria de su propia Ley.
La justicia que no se imparte en su oportunidad NO es justicia. Es injusta. Ahora bien, la ley obliga a los juzgadores a impartir justicia en sus plazos.
Dice la Constitución actual de Jalisco, artículo 52: “Toda persona tiene derecho a que se le administre justicia en sus plazos”. En Jalisco se viola, día con día, sistemáticamente y casi sin excepción, por los juzgadores.
No se trata de escatimar derechos laborales al personal que colabora con los juzgadores. Se trata de dejar claro que la impartición de justicia es un derecho humano; y, por tanto, un servicio público que obliga.
La Refundación tendrá que ir más allá del mero texto constitucional.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Virreinato o República




Para Milenio 
Esteban Garaiz 
17 de septiembre de 2019


Adios dolido a doña Joaquina Bocanegra, gran mujer, pasó haciendo el bien. 

Algo preocupante está ocurriendo por estas tierras. Y el que quiera entender que entienda.
En Jalisco no hay más que un Gobernador. Como en la República no hay más que un Presidente; y en cada municipio no hay más que un Ayuntamiento colegiado.
En el orden civil, al igual que en el orden militar, sólo hay una línea de mando. En el orden civil la línea de mando parte, en su raíz original, del mandato del pueblo soberano: “La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo” dice el artículo 39.
Todo servidor público deriva del mandato popular. Ese mandato asigna atribuciones específicas, a las que debe atenerse. El servidor público no es virreyito, o virreinita, para mandar a sus súbditos a callar y a obedecer.
El servidor público sólo puede actuar fundado en sus atribuciones, a las que debe apelar cada vez que manda. Expresamente. No es “por mis pistolas”.
Las atribuciones municipales derivan del Ayuntamiento, que actúa según las tareas expresadas en el artículo 115 de la Constitución federal y de la legislación derivada de él.
De ahí derivan también las atribuciones intermunicipales: “previo acuerdo entre sus ayuntamientos, podrán coordinarse y asociarse para la más eficaz prestación de los servicios públicos”.
En el ámbito federal: la línea de mando deriva en cadena del Titular Único, según sus atribuciones constitucionales.
Responsabilidad única federal es la política exterior, con principios muy expresos establecidos en el artículo 89 fracción X. Entre ellos: la cooperación internacional para el desarrollo.
A la Secretaría de Relaciones Exteriores le corresponde regir y encauzar la cooperación internacional para el desarrollo en la que participen las intermunicipalidades “previo acuerdo entre sus ayuntamientos”. Lo hace a través de la Dirección General correspondiente.
Así lo fue en octubre de 2018 en Mazamitla, Jalisco, en la reunión intercontinental que se llevó a cabo en el Centro de Formación Cívica Ambiental para servidores públicos, con la activa participación del doctor Bruno Hernández Piché, Director de Cooperación de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y de varios diplomáticos del área de cooperación de la Embajada de Francia, como Juliette Billy y Vincent Guimard; así como la presencia activa de madame Josette Bourdeu, alcaldesa de Lourdes.
Así lo reportamos en este espacio el 16 de octubre de 2018. Decíamos entonces que “al parecer, la vocación de servicio público desde lo local y el esfuerzo por la colaboración intermunicipal no han despertado, durante 10 años, mayor interés de los gobiernos estatales en Jalisco. Es de esperarse que esto cambie pronto”.
Aun cuando las intermunicipalidades, como su nombre lo indica, no son de atribución estatal, y las relaciones de cooperación internacional para el desarrollo son claramente del ámbito federal, es de ponderarse que, sin interferencias, se les brinde el respaldo político, por el eficaz desempeño que han tenido en beneficio para los habitantes de Jalisco, sin implicaciones partidarias.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Del Istmo para allá


Esteban Garaiz
Para: Milenio 

Adiós fraterno a Guillermo García Oropeza, insigne tapatío. 




Totalmente cicatrizados, y herrumbrados por la arrolladora vida silvestre están los centenarios derechos de vía tanto del ferrocarril transístmico de Salina Cruz hasta Coatzacoalcos, como el ferrocarril del Sureste, ahora renombrado Tren Maya.
La vida secular arrolladora de la selva ya hace largo tiempo que hizo suyas ambas vías, como hace siglos se tragó los caminos del Viejo Imperio Maya.
De día y de noche la vida brinca sobre las vías: la vegetal y la animal, en plena convivencia con el paso esporádico del tren.
Allá por 1972-74, al caer la tarde en San Pedro Balancán, Tabasco, llegaba jadeando el tren desde Mérida. Traía el único contacto con el mundo exterior: el Diario de Yucatán, cuyos ejemplares se vendían desde el convoy.
Los empleados destacados al Plan Balancán-Tenosique, de la Comisión del Río Grijalva de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, ya bañaditos después de las arduas tareas en la selva, desprendidas del cuerpo las garrapatas del día en la regadera con las salobres aguas de la Península, salían al arribo del tren.
Los garroteros del Ferrocarril del Sureste eran también los vendedores del periódico al anochecer. Desde el vagón gritaban cada día la esperada broma: “¡Esos que cogen diario”! Así, entre risas y en serio, llegaba el único contacto con el mundo exterior.
La dialéctica entre la vida de las comunidades peninsulares de origen maya, el entorno selvático arrollador, y la esporádica interrupción vespertina del mundo externo, evolucionaba en armónica convivencia, apacible.
Pretender generar confrontación, casi a punto de guerra, ahora resulta menospreciable.
No estamos hablando, ni en el Istmo ni en la Península de Yucatán, de comunidades aisladas, hurañas a causa de la agresión externa. No es el caso de los Altos de Chiapas y su legítima actitud defensiva (“la burra no era arisca; los palos la hicieron”).
Estamos hablando, en ambos casos, de comunidades bilingües, de uso permanente de ambos idiomas; de vida diaria mestiza, asumida con toda naturalidad: sin hostilidad. En el Istmo conservan igualmente su cultura popular tan conocida: alegremente y abiertos al mundo.
Si los nuevos proyectos dan oportunidad a sus habitantes de negociar mejores condiciones en materia de salud, educación y capacitación, ingresos familiares y demás, resultará benéfico para todos.
Sobra decir que la Nación mexicana cuenta con un recurso natural de privilegio al tener un paso estrecho entre el Océano Pacífico y el Atlántico en el llamado Golfo de México.
Desde las formaciones nacionales y de la primera globalidad el Istmo de Tehuantepec fue codiciado. Hoy su valor está potenciado por el nuevo manejo de la carga internacional en contenedores cerrados, que los pueden poner de puerto a puerto en menos de 5 horas.
Ahí están además las viejas vías sobre el trazo centenario coexistiendo de tiempo atrás con las comunidades locales, integradas a la vida nacional pacíficamente; al igual que con la vitalidad de la misma naturaleza: “sin hostilidades ni exclusivismos”. Tan sencillo como renovarlas.
A ninguna de las grandes potencias se le oculta que el paso de Tehuantepec representará una clara competencia con el canal de Panamá

MORENA y su partido



Para Milenio
Esteban Garaiz
27 de agosto 2019


Si hay un lujo que, por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia, se puede dar el Partido MORENA, es replicar la absurda experiencia de un partido de tribus.
El Movimiento de Regeneración Nacional va gradualmente logrando llevar a cabo las grandes líneas de acción de gobierno propuestas a la ciudadanía nacional desde 2005 y reiteradas en 2011 y 2017: esa es la verdadera certidumbre que algunos corporativos siguen reclamando como disco rayado.
Uno de los primeros grandes logros, y de enorme trascendencia, ha sido sin duda, parar en seco el horror de querer construir el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en lo hondo del vaso de Texcoco; así evitar que la ciudad volviera a ahogarse en los terregales y tolvaneras de 1960-70, que la hacían irrespirable e inhabitable.
Ahora los peces nadarán 5 metros y medio arriba de la absurda equis que costó a los contribuyentes 14 mil millones, en el nuevo parque 30 veces más grande que Chapultepec, con los 7 ríos de la cuenca cerrada afluyendo a su centro natural.
La fundación del partido por el Movimiento no fue gratuita. Después de la experiencia de 2012, con la coalición de 3 partidos y las obstrucciones que pusieron al candidato los que debían haberlo respaldado y se beneficiaron de su apoyo ciudadano y de los recursos públicos asignados.
Después de que en 2013 se cubrió con gran holgura los requisitos legales de las asambleas constitutivas (de cuyos asistentes tiene puntual registro la autoridad electoral).
Como consecuencia, igualmente, de la abrumadora decisión ciudadana de julio de 2018, hoy el titular único del Poder Ejecutivo Federal, con la clara mayoría en ambas cámaras del Poder Legislativo, va gradualmente avanzando en el cumplimiento del programa propuesto y aprobado.
A eso hay que añadirle que las encuestadoras siguen confirmando en meses recientes el respaldo ciudadano a las decisiones del gobierno, que ha “bajado” a 72 por ciento.
La batalla contra el “guachicoleo” y otros robos de combustible; los apoyos a los jóvenes sin oportunidades para su capitalización humana; a los ancianos que ya aportaron a la vida social; las lentas mejoras salariales; la rehabilitación de la empresa sustento del desarrollo nacional propio; y sobre todo: la regeneración fiscal sin boquetes; más la sanción judicial a los saqueadores.
Todos estos logros iniciales en los primeros meses del mandato popular no autorizan a MORENA a descuidar su propia retaguardia: el partido.
El partido es imprescindible para la sana continuidad del programa aprobado e impulsado por las mayorías nacionales.
No pueden las ambiciones personales de algunos actores políticos con el estandarte de Morena desvirtuar, obstruir, y finalmente estrangular las grandes aspiraciones que la Nación decidió en julio de 2018. No más tribus.

La experiencia histórica, que decepcionó y asqueó a los mexicanos, no sólo es reprobable; debe ser irrepetible. Como corresponde por ley, y como desde un principio siempre estuvo propuesto a la opinión ciudadana, en 2021 nuevamente el proyecto de Regeneración Nacional será sometido a la ratificación del mandato soberano. 

Entrevista sobre la política energética actual, en México.

Entrevista, que me hacen los periodistas Rubén Martín y Jesús Estrada, sobre la política energética en el actual gobierno.  https://mx.ivoox...