lunes, 19 de agosto de 2019

Fray Pedro Lorenzo de la Nada, rebelde y feminista.

Para Milenio
Esteban Garaiz

28 mayo 2019



A veces la realidad es más fascinante que la ficción. Jan de Vos, antropólogo gran conocedor y enamorado del Sureste mexicano, activista ardiente en favor de los pueblos originarios de Tabasco, Chiapas y Yucatán, belga flamenco de nacimiento, ha desenterrado la increíble historia de Fray Pedro Lorenzo de la Nada, dominico rebelde de convento de Ciudad Real (hoy San Cristóbal de las Casas) y combativo defensor de las mujeres.
Quisieron sus ex –superiores borrar de la historia, y de sus anales, al gran transformador y fundador de estos pueblos en los años de 1560-1580, y combativo opositor de las “entradas” militares y crueles de los conquistadores; y también de la complicidad anticristiana de sus compañeros dominicos del convento de Ciudad Real, con el pretexto de salvar almas.
Hazañas portentosas reviven ahora de este solitario, austero pacificador, opositor de las espadas, en el reasentamiento benéfico de pueblos enteros. Entre otras muchas, fundador del pueblo colonial del Palenque (o sea: cercado), establecido cerca precisamente del sitio espléndido que los choles conocían como Otulum.
“Palenque es el primero y el único pueblo que Fray Pedro considera como verdadero hijo suyo” dice Jan de Vos en su librito del Fondo de Cultura Económica, Cenzontle 2010.
(Palenque tiene hoy como párroco a un tapatío, digno sucesor, y promotor, de Fray Pedro Lorenzo de la Nada: Alberto Gómez, con sus propias hazañas de los tiempos de don Samuel Ruiz, y amigo de ya saben quién; Beto es además cantautor).
En la tumba (vacía por razones “desconocidas”) de Fray Pedro Lorenzo, los palencanos y demás fieles han depositado ofrendas de todos tipos, considerándolo un santo.
La Nada no surge de la nada. Pedro Lorenzo de la Anunciación, aragonés del pueblo de Alloza de la diócesis de Zaragoza, hijo de Miguel Lorencio y María Baeza, es egresado del reconocido colegio de Salamanca, donde sin duda se compenetró de las doctrinas del vasco Francisco (Gamboa) de Vitoria sobre la autodeterminación de los pueblos (que enseñó ahí hasta su muerte en 1546; y escribió De Indis, que es realmente la fundación del Derecho Internacional).
Se enfrenta Fray Pedro decididamente al teniente de gobernador de Tabasco, Juan Garzón en 1573. Predica en la Chontalpa a sus habitantes en su lengua nativa: el chontal (que también habla, además del tzotzil, tzeltal, el chol y el zoque) “puesto que ellos no encuentran otro sacerdote capaz de hablarla”.
El 24 de junio, fiesta de San Juan Bautista (patrono de la actual Villahermosa) en una ermita de la Chontalpa denuncia los abusos de los encomenderos; y les aconseja a los nativos: “Si algunos les quieren ofender en sus personas o haciendas, defiéndanse con palos y piedras, o como se les ofreciere, excepto de los justos, que a estos obedezcan con humildad”.
Por supuesto, los encomenderos de Santa María de las Victorias (Villahermosa) lo acusan de “predicar la ley de Mahoma”.
Da un paso más: “poner bajo su muy especial protección a las mujeres indígenas que los españoles se llevaban con fuerza a sus casas y haciendas para que allí estén a su servicio y antojo”. El primero es el propio Juan Garzón.
Fray Pedro amenaza con la excomunión a toda persona que sacare de los pueblos a alguna india, viuda o huérfana, contra su voluntad o por la fuerza. Clava el edicto en la puerta de la ermita el 10 de diciembre de 1574.
“Les quitan a las mujeres la libertad que Dios les dio y las desnaturalizan, y dejan morir sus hijos por ir a hacer pañales ajenos y a morirse en la villa de Tabasco, como es público y notorio que mueren gran parte de ellas que allá van, como es voz común de indias y españoles y aun de los mismos justicias que dan los mandamientos”.
“Otras en las estancias son tratadas como esclavas, hasta hacerlas recoger las vacas y limpiar las caballerizas. Y dan otros muy feos y malos ejemplos que me consta, indignos de ser escritos, hasta huirse las propias indias buscando la muerte por despoblados, por no pasar tanta miseria”.
Viene la excomunión: “Porque de derecho canónico es que el juez eclesiástico remedie la justicia seglar, mando a todas y cualesquiera personas que no saquen de este pueblo india, viuda ni huérfana contra su voluntad o por fuerza, so pena de descomunión mayor”.
Furia del teniente gobernador. ¿Quién es Fray Pedro? “que no era nada; que su oficio es decir misa” Fray Pedro transforma el insulto en título de honor:  Pedro Lorenzo de la Nada.
En Chiapa (hoy San Cristóbal) los superiores se enfurecen. Fray Pedro muere en su pueblo: Palenque, venerado como santo. Desaparece de los anales.
P.D. ¿Qué diría hoy Fray Pedro de los feminicidios?

El arma mortal de Sant Iacob



Para Milenio

Esteban Garaiz
13 nov 2018



El ochenta por ciento de las fondas de Jalisco usan platos de barro de Capula: ahí saben mejor los tacos y las enchiladas.
Capula es un pueblo artesanal y de tradiciones, a escasos 20 kilómetros de Morelia. En los primeros días de noviembre, como en otros pueblos de Michoacán, se celebra el homenaje a los muertos, tan cercanos a los vivos.
En el altar central de la parroquia de Capula está la imagen de Santiago, el santo patrono del pueblo, como en tantos otros.
 Ahí está el apóstol: a caballo y con la espada en la mano. La espada es un arma: sirve para matar. Ahí está en el centro del templo del amor fraterno.
La Iglesia Católica Apostólica Romana acaba de dar un paso de enorme trascendencia en materia de doctrina moral: eliminar del Catecismo la licitud de la pena de muerte.
Dicho con claridad: nadie tiene derecho a quitarle la vida a ningún ser humano, hijo de Dios. Ni siquiera quienes, a nombre del Estado, o sea el rector de la convivencia pacífica de todos los seres humanos, se arrogan el derecho de matar “para castigo”.
Un paso trascendente, que ha pasado casi desapercibido, frente a las hipocresías del Pro Vida mientras miles de niños nacidos vivos mueren en nuestra sociedad por criminal descuido hacia la vida humana de los más pobres y orillados (cuatro veces más que en Cuba).
Como seguramente muchos de los amables lectores recordarán de sus tiempos infantiles del catecismo, toda religión consta de tres partes esenciales: dogma, moral y culto (aunque muchos se quedan sólo con el culto y hagan caso omiso de la moral fraterna).
Según los evangelios, Sant Iacob, el apóstol Santiago, era un pescador galileo: Iacob hijo de Zebedeo, que dejó barca y redes por seguir a Jesús el Nazareno y su doctrina de amor al prójimo (“y el segundo mandamiento es igual de importante que el primero, y es: amarás a tu prójimo como a ti mismo”).
Así que el tal Iacob sabía bien remar y echar las redes; el pobre pescador galileo nunca en su pobre vida se subió a un caballo; y mucho menos blandió una espada, que sirve sólo para matar, no para amar al prójimo como a ti mismo.
No es licito matar a nadie: ni a los moros, que también son hijos de Dios. Mucho menos a los dueños originarios de estas tierras. Un arma en un templo es una terrible incongruencia. Absolutamente fuera de toda lógica. A caballo es la sacralización de la violencia entre hijos de Dios. Todo lo contrario del amor al prójimo “como a ti mismo”.
El mito de Santiago Matamoros en Compostela, Galicia fue una de las peores perversiones de la religión del amor al prójimo. Peor lo fue el utilizarlo para robarles sus tierras a los dueños originarios en este continente; y todavía ponerlos a trabajar en ellas de manera coercitiva en favor de los conquistadores, o sea: de los arrebatadores.
El robo duró 100 años más después de la tramposa Independencia Trigarante de 1821 y de la República de mentiras, cuando ya en pleno siglo XX había 30 mil ciudadanos en esta Nación de 15 millones (por supuesto, los ciudadanos eran sólo varones) y el 85 por ciento de las tierras cultivables estaban en manos de mil familias. En el siglo XX.
No puede haber república encima de latifundios. En ninguna parte del mundo, ni en ninguna época de la historia. Vean a nuestros hermanos de Colombia o de Brasil.
Si no hay reforma agraria y liberación de los peones (o de los esclavos de las plantaciones en el caso de los Estados Unidos de América) hablar de república es un contrasentido. No hay república genuina en el mundo que no haya pasado por una reforma agraria: con tierra y libertad, las dos cosas juntas.
Y libertad supone escolaridad universal. Escuela para la convivencia entre iguales; no sólo capacitación para la producción con robots de carne y hueso.
Volviendo a la parroquia de Capula, la Iglesia Católica la tiene fácil para limpiar algunos de sus templos de armas en manos de santos. En la vida civil sí la tenemos mucho más complicada.
Aspirar a la cuarta transformación de nuestra historia como nación, cuando la tercera, o sea la Revolución Mexicana dejó en todo el siglo XX la mitad de la tarea por hacer, resulta un tanto utópico. Liberarse de toda la estirpe neoliberal, que traicionó los postulados que, todavía maltrechos, continúan plasmados en el Pacto Nacional de 1917, sigue siendo una tarea titánica; y pendiente.
Si en la merindad norte de Burgos, en España, sigue habiendo todavía un pueblo llamado Matajudíos, o aquí en nuestra frontera norte una ciudad llamada Matamoros, no pasa de ser un tema simbólico de algo grave.
Aquí se nos colaron millones de armas de alto poder; y matan. El nivel de homicidios es, sencillamente, la prueba de un Estado fallido. Acabar con las armas es tarea civil. Ahora más que nunca.

Venezuela: fracaso del libre comercio



Para Milenio

Esteban Garaiz
27 de noviembre 2018


¿Qué está pasando en Venezuela? La opinión pública mexicana tiene una enorme laguna informativa de lo que ocurre en Venezuela, país hermano americano de habla española, cercano igualmente productor de petróleo, comparable (y todos los días mencionado por comparación) pero del que sabemos poco.
Todos los días los medios “occidentales” de información nos cuentan que los venezolanos por miles están abandonando su país, que era uno de los más prósperos de América y del mundo, y se van a los países vecinos como Colombia, Ecuador y Brasil.
Cuando hace apenas 5 años vivían en Venezuela 5 millones de colombianos, casi todos en empleos de baja calificación.
¿Qué pasa pues? ¿Por qué se van a otros países? Las agencias informativas, sin entrar en detalle, hablan de desabasto: estantes vacíos, no hay qué comprar en almacenes; faltan alimentos y productos básicos. No mencionan desempleo. No mencionan falta de atención a la salud. No mencionan gasolinazo.
No hay gasolinazo en Venezuela. En México con un dólar compramos un litro de gasolina. En Venezuela con un dólar se compran 20 litros de gasolina. Es más: hay un pavoroso contrabando de gasolina hacia Colombia, donde el combustible es caro; y hay una especie de huachicoleo, incluso en barco, para cruzar la frontera colombiana, donde se vende a un precio muy superior en el mercado informal.
Entonces, la pregunta se desplaza: ¿por qué el desabasto ¿Por qué los estantes vacíos?
La oposición política habla también, revolviendo, de falta de democracia y de presos políticos. Aunque saben que no pueden insistir mucho en el tema, porque todos los tales presos políticos están directamente relacionados con el fracasado golpe de estado en 2002.
Leopoldo López, el golpista con el doctor en Economía Pedro Carmona, que había sido en años anteriores alto directivo del Sistema Económico Latino Americano, decidieron derrocar al entonces presidente Hugo Chávez, pero el pueblo venezolano salió en tumulto a las calles, y Pedro fue presidente espurio por día y medio.
Leopoldo López fue generosamente amnistiado; pero ha seguido una y otra vez con sus actividades conspiratorias ilegales; y se dice “preso político”. Hay indicios fuertes de que él está detrás del atentado contra Maduro y su esposa con los famosos drones.

Ahora, en el gobierno de Nicolás Maduro, en una economía de libre mercado, resulta que está escaseando en Venezuela el abastecimiento de subsistencias populares tales como alimentos básicos o útiles de aseo.
Entonces ¿Por qué Aurrerá, o Soriana, o Walmart o la Comer, o Chedraui, no se han lanzado a poner sus supermercados en Venezuela, donde hay fuerte poder de compra? Porque prohibición no hay.
El autollamado “socialismo” venezolano en ninguna circunstancia prohibe el libre mercado de subsistencias populares. Por lo contrario, el gobierno tiene clara conciencia de que el desabasto es hoy el problema, visible, de la vida económica de Venezuela; y el gobierno asegura que es un problema inducido para desestabilizar.
Los lectores avisados podrán preguntarse también qué hace el gobierno bolivariano; por qué no se le ha ocurrido establecer, dentro de las atribuciones legales, que sí tiene, una especie de CONASUPO mexicana, que en los años 1960-82 logró meter en cintura a los supermercados, estableciendo frente a ellos una sana competencia en las subsistencias populares y pudo así contener el alza desbordada de precios en los productos básicos.
En otros importantes renglones de la vida social, el autollamado régimen socialista bolivariano ha tenido sin duda, importantes avances.
La Organización de las Naciones Unidas en su Informe Oficial 2016 detalla: “de 1990 a 2015, el índice de desarrollo humano, IDH, de Venezuela aumentó de 0.634 a 0.767, un aumento de 7 por ciento. Entre 1990 y 2015 la esperanza de vida al nacer aumentado 4.6 años; el periodo medio de escolaridad ascendió a 4.8 años”.
Igualmente, las condiciones generales de atención a la salud son muy superiores a las que prevalecen en México. El régimen bolivariano ha tenido el acierto de acordar con el de Cuba una importante aportación de médicos cubanos, en intercambio por crudo venezolano que surte a las refinerías cubanas, que allí sí funcionan.
Las cifras de la Organización Mundial de la Salud (2017) son elocuentes: Venezuela tiene 220 médicos por cada 100 mil habitantes; México tiene 130; Cuba 590, Estados Unidos 276; Alemania 354.
Así pues, en una economía de libre comercio en materia de subsistencias populares, como es la venezolana en el régimen bolivariano “socialista”, ¿qué es lo que sucede y por qué hay desabasto?
A la imaginación de los amables lectores.

miércoles, 12 de julio de 2017

José el soñador y la rectoría económica del Estado

Para Milenio
Esteban Garaiz
27 junio 2017

El primer acto en la historia, que muchos recordamos, de rectoría económica del Estado está narrado en la Biblia. Es la historia de José hijo de Jacob: el sueño de las vacas gordas y las vacas flacas.
José fue vendido como esclavo por sus medios hermanos, celosos del cariño de su padre, y llevado a Egipto. Fue calumniado por la mujer de su amo Potifar y encarcelado. En la cárcel supo interpretar los sueños de algunos compañeros, y trascendió su fama. Tanto que llegó a oídos del faraón de Egipto, que había tenido una terrible pesadilla: había visto en sus sueños cómo surgían del río 7 vacas gordas y después llegaron 7 vacas flacas que devoraron a las gordas.
El faraón mandó llamar de la cárcel a José el pastor nómada hebreo. José le explicó al monarca egipcio que las 7 vacas gordas significaban que habría en Egipto, país gran productor de trigo, 7 años de abundantes cosechas; y las 7 vacas flacas querían decir que a continuación llegarían 7 años de malas cosechas y de escasez.
El joven pastor ignorante se atrevió a darle al faraón un sabio consejo de rectoría económica del Estado: debía construir grandes almacenes de grano para conservarlo en los años superabundantes, de tal modo que el pueblo egipcio no sufriera hambruna en los siguientes 7 años de mala cosecha. No podía dejar esa catástrofe en manos de los acaparadores de grano: “Lo que Dios va a hacer lo ha mostrado al faraón: recaude el quinto (veinte por ciento) en los 7 años de abundancia; y recojan el trigo bajo la mano del faraón para mantenimiento de las ciudades; y el país no padecerá de hambre”.
El faraón tomó la determinación de nombrarlo ministro. Al fin de la sequía distribuyó semillas. “De los frutos daréis el quinto al faraón y las cuatro partes serán vuestras para sembrar y para que coman vuestros hijos” (Génesis 47,24).
 La razón fundamental de todo estado es tutelar y garantizar los derechos de todos los pobladores, incluida, por supuesto, la seguridad alimentaria.
En 1932 Franklin Roosevelt fue electo presidente de los Estados Unidos de América, en el peor momento de su historia. (El único presidente en ese país, electo por 4 períodos: 1932, 1936, 1940 y 1944). En ese 1932, la acumulación de capitales y la pobreza y desigualdad habían llegado a extremos tales que se hundió la economía nacional por falta de compradores, por falta de mercado, en los últimos tiempos del presidente J. Edgar Hoover.
La Gran Depresión: 15 millones de trabajadores en paro; los bancos en quiebra; manifestaciones masivas, pacíficas, de los veteranos del Bonus Army, reprimidos por el gobierno. Todo eso en el centro mundial del capitalismo.
Cuenta William Manchester en su ya clásico Gloria y Ensueño (The Glory and the Dream):

“Aquel año cerca de dos millones de estadounidenses, aparceros expulsados de las tierras, propietarios agricultores que no podían pagar las hipotecas y abandonaban sus campos… En resumen: la capacidad de compra del consumidor no seguía el fuerte ritmo de la producción de bienes”.
Los actuales dirigentes de los Estados Unidos han querido borrar en el olvido esa etapa bochornosa de la historia de su país. Salvo Bernie Sanders, el precandidato demócrata que compitió frente a Hillary Clinton y fue bloqueado perversamente por la maquinaria partidaria demócrata como lo exhibieron los hackers rusos, a los que después les colgaron otros milagritos.
Apenas llegó Franklin Roosevelt a la presidencia implantó según las facultades extraordinarias que le fueran atribuidas, el New Deal. Generando empleo productivo desde el gobierno y dinamizando el ingreso familiar.
Ordenó la emisión inmediata de millones de dólares en papel moneda, utilizando la cobertura de los activos bancarios. Hizo saber que publicaría la lista de todos los que habían retirado oro. Al abrir los bancos, largas colas y poco después se habían recuperado 300 millones, suficientes para la cobertura. El comercio salió de su atonía.
Inició su Plan de Cien Días; se legalizó la cerveza. Se creó el Cuerpo Civil de Conservación CCC, dando trabajo a 2 millones y medio de jóvenes de barrios pobres con uniforme verdinegro; plantaron 200 millones de árboles; y más de 30 mil proyectos: construcción de diques y represas, oficinas de Correos, puentes, cárceles, aeropuertos, alcantarillas, piscinas públicas, pistas de atletismo, campos de deporte, centrales eléctricas, estaciones ferroviarias, nuevas carreteras, hospitales, nuevos ayuntamientos, edificios de tribunales, servicios sanitarios, escuelas, redes de abastecimiento de aguas, control de crecidas, zoológicos, alamedas.
El costo conjunto “no llegaba a los 20 mil millones, la cuarta parte del presupuesto anual del Pentágono” con Nixon (Manchester pp... 167-168). Así se salvó Estados Unidos.

Proyecto alternativo es proyecto colectivo

Para Milenio
Esteban Garaiz
04 julio 2017

Ni empieza ni termina con nadie. El Zócalo se llenó reiteradamente desde 1988, con mexicanas, y mexicanos inconformes con el desvío del proyecto nacional, orquestado por Carlos Salinas, Diego Fernández de Ceballos y otros traidores a la voluntad popular.
En 2000 un nuevo liderazgo alcanzó dimensión nacional. Millones de mexicanas y mexicanos lo hemos seguido desde entonces por su verticalidad y compromiso. Somos notoria mayoría. Somos la Nación. Desde abajo. Ya vimos que supo gobernar con la gente. Que sabe gobernar. No hay mesías. Los mesías vienen de lo alto; no de la lucha popular.
El proyecto de regeneración nacional viene desde los agraviados, que somos el 99 por ciento. Es un proyecto colectivo, mayoritario, de los indignados de tanta corrupción, injusticia, atropellos, homicidios, desaparecidos, escuelas cerradas, universidades sin cupo, gasolinazo, impunidad, trabajo infantil, ilegalidad, explotación laboral, incompetencia de los gobiernos: principal y originalmente del federal.
El proyecto de regeneración rebasa con mucho al Partido de Regeneración Nacional. Somos millones, no sólo de ciudadanos individuales. Integramos numerosos colectivos cívicos y políticos, que requieren coincidir, en el propósito y en los medios para lograr el poder federal; para lograr pacíficamente desbancar y desterrar a todos, todos los cómplices de la gran traición a México.
Ahí queda claro que no puede haber alianza ni coalición para seguir simplemente con lo mismo. Ni con los mismos. Inaceptable, e irracional sería pensar en un “frente opositor” con quienes formaron parte de la cuadrilla del prianato ampliado que ocasionó los daños estructurales al proyecto nacional todavía inconcluso.
No tendría ningún caso; es más: sería gravemente contraproducente llegar al poder republicano para confirmar y consolidar el mismo desastre nacional que venimos sufriendo desde la concertación prianista de 1988.
La gran coalición republicana a la que aspiramos tiene que ir más allá que la simple adhesión sumisa a un partido político con registro nacional. Debe ser acuerdo entre pares para que sea republicana. Sin que eso quiera significar empezar de cero.
Hay mucho camino recorrido y muchas lecciones que tomar en cuenta.
Evidentemente nadie puede olvidar el montón de trabas malintencionadas de ciertas dirigencias partidarias con banderas de izquierda. Dijo el filósofo: “Perdona, pero no olvides”.
Se trata de sumar voluntades ciudadanas, soberanas. No de imponer bautismos en el Río Jordán. Sí deberá ser el gran río, hecho de afluentes, en la misma cuenca del rescate de la vida republicana. Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Es un sueño realizable. De hecho ya se ve en el horizonte. Media nación: más de 60 millones de mexicanos marginados y excluidos nos esperan, a decir verdad: con desesperanza.
La democracia mexicana, a la que seguimos aspirando, sigue padeciendo una dolorosa falla: millones de mexicanas y mexicanos en mayoría de edad no asumen vivencialmente la enorme trascendencia de su ciudadanía.
La educación primaria, que ya cubrió a más del 80 por ciento de los mexicanos, resultó seriamente, gravemente omisa en enseñar el primer punto, nada menos, del artículo tercero. Millones de mujeres y hombres de hoy, entonces niños, no aprendieron en la escuela porque no les enseñaron lo más elemental: que al cumplir 18 años debían asumir una grave responsabilidad sólo equiparable a la maternidad-paternidad: la de ser ciudadanos.
O sea la de ser soberanos, la de decidir, con su opción individual en el secreto de la mampara, sólo delante de su conciencia, el rumbo de la nación, es decir el futuro de sus familias.
No es esta la ocasión de analizar si fue falta del maestro, del sindicato, de la Secretaría o del titular único del Poder Ejecutivo Federal. Si fue omisión grave o deliberada intención de la dirigencia, de quienes controlan el poder. Anunciaron que el civismo era superfluo. Fue el Estado.
El Texto Rector sigue diciendo todavía: “La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia… considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.
Millones de votos vendidos por una miseria temporal, son una verdadera tragedia nacional que hoy sufren ciudadanos y ciudadanas de esta generación a los que el Estado mexicano agravió.
Es el Estado mexicano el directamente culpable de esa grave falla democrática. Sigue bajo el control de esos indeseables que poseen varios escudos partidarios.

Los moderados serán barridos por la historia

Para Milenio
Esteban Garaiz
11 julio 17

No hay tercera vía. La historia es maestra de la vida. Desde Comonfort para acá la historia mexicana siempre ha barrido a los moderados. Sólo los radicales, o sea los que van a la raíz, acaban finalmente, después de múltiples obstáculos, dando el paso adelante en este largo devenir histórico de desembarazarse de los arraigados restos del régimen colonial de la Conquista para la instauración de una república real y no ficticia.
Como los 19 mil 997 clasemedieros ciudadanos que votaron por Francisco I. Madero en 1911, en un país con 15 millones de habitantes.
Madero murió asesinado por los mismos que lo habían promovido. El mismo Venustiano Carranza fue rebasado por sus jóvenes seguidores, que lograron en el Constituyente ir mucho más allá del Ejecutivo fuerte que quería Carranza, y consensaron los grandes logros sociales de 1917.
La educación gratuita universal del artículo tercero; la demolición de los latifundios de la Colonia y la restitución de las tierras a quienes las trabajan; la rectoría económica del Estado; la propiedad originaria de la Nación sobre sus recursos naturales; y el gran salto histórico de los derechos de los trabajadores en el artículo 123: jornada máxima, salario mínimo, seguridad e higiene en el trabajo y el derecho a la sindicalización.
Todo eso, más la cara político-electoral: la ciudadanía universal sin restricción a todos los varones, incluidos los analfabetas, cuatro quintas partes de los mexicanos, que sí sabían lo que querían para sus hijos y lo habían refrendado con su sangre. Con la educación universal sus hijos aprenderían a asumir su ciudadanía al llegar a la edad adulta (que sigue siendo aspiración pendiente).
Eso fue ir a la raíz, sin moderaciones ni terceras vías. Las claudicaciones fueron llegando después. Salvo, claro, la gran profundización del proyecto nacional de Lázaro Cárdenas: educativo, técnico, agrario, industrial propio.
Pero lo ocurrido a raíz de 1982 no ha sido una simple claudicación. Fue, y sigue siendo por 35 años, una completa, eficaz, deliberada y programada, traición al proyecto nacional y a su modelo económico de desarrollo. Las llamadas reformas estructurales han sido, en efecto, daños estructurales al proyecto nacional de 1917. No simples claudicaciones y corruptelas.
Ante ese panorama desolador de 35 años sin crecimiento económico, con rezagos severos en los ingresos de las familias, con un presupuesto federal estúpidamente petrolizado (y además tercamente a precios hundidos), con retrocesos en la escolaridad de los más marginados, cerrada la movilidad social para jóvenes que estudian, el pavoroso aumento de homicidios impunes y desapariciones sin resolver, la proliferación de fosas de cadáveres incógnitos, la persistencia de la horrible mortalidad infantil.
Y en la raíz de todo: la incapacidad financiera del gobierno para cumplir sus obligaciones constitucionales (además del insultante despilfarro de los sueldos de los altos funcionarios y de los partidos políticos) junto con el agotamiento del patrimonio energético nacional a precios derrumbados.
No queda sino ir a la raíz: no hay otra sino la insurrección popular pacífica (populismo) y no sólo de los proletarios, sino del 99 por ciento que se gana la vida trabajando y no de las rentas de sus capitales.
A la raíz; no arreglitos cosméticos, trigarantes o maderistas. Recuperar de raíz el proyecto nacional que sentó las bases de la verdadera república. No castas coloniales con trapitos de democracia comprada a los que no valoran su primogenitura, con “gobiernos abiertos” y “gobernanzas” empresariales corporativas.
Ir a la raíz supone una intensa campaña desde la autoridad para que quienes son legalmente ciudadanos no vendan su voto por una bicoca en forma de dádiva individual; sino que valoren en su enorme trascendencia su investidura de soberanos, y que decidan, en la soledad de la mampara, según propuesta de gobierno para todos, en beneficio de las familias de todos, y a mediano plazo.
Eso reparará, al menos parcialmente, la grave omisión cometida por el propio Estado, de no haber logrado que los egresados de la educación pública hayan aprendido, porque no se les enseñó adecuadamente, que al llegar a la edad ciudadana, tendrían en su mano el destino de la Nación.
Es radical, de raíz, la falla de nuestra primitiva democracia. Es un asunto central, no accesorio. Es esencial porque es definitorio en el resultado de la elección, o sea: de la voluntad mayoritaria. Se prefirió que jugaran a la ciudadanía; y desde  el gran poder se jugó con ellas y ellos.
Seamos radicales. No moderados. Vamos a la raíz.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Escuela Mexicana de Participación Ciudadana


“No hay que llegar pronto y solo, sino con todos y a tiempo”. O para decirlo al estilo vernáculo de José Alfredo Jiménez: “Después me dijo un arriero que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”.
En 1789 el pueblo enfurecido y hambriento de París asaltó La Bastilla y derrocó la monarquía absolutista. Proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Sobre la base necesaria de los Derechos del Hombre definió los Derechos del Ciudadano.
Ahí se proclamaron también los grandes valores republicanos: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Como tres personas divinas de un solo ideal verdadero: la Justicia.
Cien años después, en estas tierras, un ilustre mexicano, Justo Sierra, Ministro de Educación y de Justicia del régimen de Porfirio Díaz,  se enfrenta a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión: a la representación nacional del poder legalmente constituido.
Les dice: “Pues si hay cuatro quintas partes de mexicanos que son parias, señores, esto quiere decir que hay cuatro quintas partes de mexicanos que no tienen derechos: quiere decir que una gran masa de la población mexicana no ha encontrado justicia todavía”.
Y citando, como él dice, al predicador de la montaña, lanza aquella frase: “el pueblo mexicano tiene hambre y sed de justicia”.
En la más lúcida autocrítica, está Justo Sierra reconociendo que la Independencia Trigarante desvinculó estas tierras de la monarquía española; pero no desmanteló el régimen colonial fundado en una estructura agraria arcaica e injusta, cuasi-feudal, que rezagó nuestro proceso nacional por más de 100 años. Hubo independencia, pero no hubo desconquista.
Ante el profundo malestar de la Nación, y la toma de conciencia de una minoría lúcida de clase media por esa República del 20 por ciento, donde las cuatro quintas partes,  12 millones de los 15 que entonces tenía la Nación al empezar el siglo XX, los peones, que no podían decidir ni de su propia vida, amarrados como estaban por la deuda transmitida de padres a hijos: en ese caso alguien en otro nivel quiso camuflar el malestar rebelde con el ideal meramente político de la No Reelección. Como si ese fuera el verdadero problema del país, y en eso estuviera la solución de la aberración nacional.
Francisco I. Madero, triunfante y aclamado por el pueblo, cometió dos grandes errores. El primero fue licenciar a los contingentes revolucionarios y quedarse con la vieja estructura del ejército profesional porfiriano.
El segundo, ingenuo, fue pretender cobrar derechos sobre la riqueza líquida del subsuelo propiedad de la Nación: 3 centavos por cada barril de petróleo. El comandante del ejército profesional, legalmente constituido, fue llamado a la Embajada; y Madero fue asesinado.
Ahí comienza, entonces, la verdadera Revolución. Ahí se ahonda la desconquista. Ahí explota, revienta el régimen agrario colonial. Hay que desmantelar el latifundio arcaico e improductivo.  Sobre todo, hay que liberar al peón de su opresión. El doble lema: Tierra y Libertad.
En el nuevo contrato social del siglo XX hay que ir más allá de la mera estructura política del gobierno republicano, además de incorporar y actualizar las garantías individuales de la Reforma del XlX; incorporando por primera vez en la historia los derechos laborales. Dicho de otro modo: hay que plasmar en el nuevo Texto Rector los derechos del hombre en la base que fundamente los derechos del ciudadano.
Una frase acabará resumiendo la nueva filosofía de la convivencia nacional: “la Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”.
El proceso de inclusión nacional tuvo importantes avances durante tres cuartos de siglo a partir del nuevo pacto social: en la escolaridad, en la preservación de la vida infantil, en la nutrición, en la producción agropecuaria e industrial, en las comunicaciones, en la seguridad social, en la formación profesional; en el rescate del petróleo nacional.
También en la participación política. Antes incluso de la conclusión del nuevo Pacto Social, en 1914 (y para efectos del propio Congreso Constituyente)se estableció la ciudadanía universal y la elección directa: de los varones; y 40 años después el de las mujeres. Campesinos analfabetas sabían lo que querían para sus hijos; y votaron.
Para 1977 era claro que la creciente pluralidad política no cabía ya en un solo partido: fue necesario propiciar el pluripartidismo. Hoy tenemos ayuntamientos plurales.
La sombra de una República del 20 por ciento  todavía nos obscurece ominosa. Hay que convencer a las 4 quintas partes que vender su voto es traicionar a sus hijos y a sus nietos. Hay que propiciar que asuman la primera y fundamental participación ciudadana.
Los datos oficiales, los del gobierno, nos indican que en estos decenios el proceso de inclusión social desencadenado con el Pacto Social de 1917, no sólo se ha estancado en factores fundamentales como la autonomía económica dentro de la inevitable globalidad; como la matrícula universitaria y media superior; como la seguridad alimentaria; como la reducción de la mortalidad infantil; como la cobertura de la seguridad en salud; y sobre todo, en la remuneración al factor trabajo del 99 por ciento.
Desde 1982 estamos yendo para atrás. Si de las 4 quintas partes de mexicanos marginados, la proporción se había reducido a 2 quintas partes en 1980, hoy son las cifras del propio gobierno las que nos dicen que la exclusión de la vida productiva y social alcanza ya a más de la mitad de la población. No podemos soñar en tener hogares integrados mientras los números nos digan que el poder adquisitivo del salario mínimo oficial sólo cubre hoy el 20 por ciento del que tenía en el lejano 1976.
Ahora en Jalisco: en la vanguardia democrática de este movimiento que crece en la toma de conciencia, no podemos olvidar que “no hay que llegar pronto y solos, sino con todos y a tiempo.”
Vamos a seguir luchando por lograr todas las formas de la participación política ciudadana: por la iniciativa popular, por la transparencia y por la rendición de cuentas, por el referéndum, por el derecho de los ciudadanos soberanos a revocar su mandato. La participación ciudadana activa será la garantía de la justicia social.
Pero tendrá que ser sobre la base de la dignidad humana de las 4 quintas partes: no más seres humanos viviendo bajo cero, en la zozobra de un asentamiento irregular, sin  agua y drenaje, o escuela realmente gratuita, sin alumbrado que garantice el mínimo de seguridad a sus mujeres.
P.D. Margarita: Tu ilustre abuelo estaría orgulloso de ti.

Entrevista sobre la política energética actual, en México.

Entrevista, que me hacen los periodistas Rubén Martín y Jesús Estrada, sobre la política energética en el actual gobierno.  https://mx.ivoox...